¿Os habéis fijado alguna vez en que, en un grabado, la imagen que dibujamos no es la que veremos? ¿En que hay que pensarla al revés, y en que hasta que no levantamos el papel no sabemos del todo qué encontraremos?
El grabado es una de las maneras más antiguas de reproducir imágenes. Consiste en trabajar una superficie, que llamamos matriz o plancha, para que retenga la tinta en unos lugares y no en otros, y después transferirla a un papel con presión. La plancha puede ser de madera, de linóleo, de metal o incluso de cartón. De una misma plancha pueden salir muchas copias, y cada una es una estampa original.
En el Traç creemos que el grabado tiene algo que lo hace diferente del dibujo o de la pintura: no solo pide mano y ojo, sino también paciencia, previsión y ganas de dejarse sorprender.

¿Qué técnicas de grabado hay, y qué las hace diferentes?
Las técnicas de grabado se distinguen sobre todo por dónde queda la tinta. En el grabado en relieve, como la xilografía (sobre madera) o el linóleo, se vacía todo lo que no debe imprimirse, y la tinta se deposita sobre la superficie que queda. En la calcografía ocurre lo contrario: la imagen se incide en una plancha de metal, con una punta, un buril o con ácido, como en el aguafuerte. La tinta se aloja dentro de los surcos y el tórculo la transfiere a un papel húmedo.
El monotipo, en cambio, solo da una estampa: se pinta directamente sobre una plancha lisa y lo que se imprime no se puede repetir. Y las planchas aditivas, como el collagraph, se construyen pegando materiales y texturas sobre un soporte, de manera que la plancha crece en lugar de vaciarse.
Cada técnica tiene su manera de pensar. Vaciar una madera obliga a decidir qué será luz y qué será sombra; incidir un metal pide una línea precisa; construir una plancha con texturas invita a jugar con lo que tenemos a mano.

¿Por qué nos interesa tanto un proceso lento y lleno de pasos?
Porque en el grabado el proceso se ve en cada momento. Preparar la plancha, entintarla, limpiarla, colocar el papel, pasarla por el tórculo y levantar la hoja. Cada paso tiene sus decisiones y sus pequeños accidentes, y a menudo es en esos accidentes donde aparece lo más interesante.
También nos gusta porque el grabado nos enseña a pensar la imagen antes de hacerla, y a la vez a aceptar que el resultado no siempre será el que habíamos imaginado. La imagen sale invertida, la tinta no siempre se comporta como esperábamos y cada estampa es un poco diferente de la anterior.
Hay, además, una dimensión compartida. El taller de grabado es un espacio donde las herramientas se comparten, donde se mira qué hace la persona de al lado y donde una prueba de estado se comenta entre todos antes de decidir cómo continuar.

¿Y cómo trabajamos el grabado en el Traç?
En nuestro taller de grabado hay un tórculo preparado para papel de gran formato, rodillos y los materiales para trabajar la xilografía, el linóleo, la calcografía, el monotipo, las planchas aditivas y la estampación en uno o en varios colores. Vienen personas que se acercan por primera vez y personas que hace años que profundizan en él, en grupos reducidos y con el acompañamiento del profesorado.
A principios de 2024, por ejemplo, propusimos las cápsulas de grabado: monográficos de un mes para descubrir una técnica cada vez, del monotipo al grabado verde, el collagraph, el grabado en relieve, el aguafuerte o el barniz blando. Para apuntarse no hacía falta ningún conocimiento previo.
Porque grabar es, en el fondo, una manera de dejar huella: una marca que se puede repetir, compartir y volver a mirar. Y quizá por eso, cuando levantamos el papel y vemos la imagen por primera vez, todavía nos sorprende.
¡Os dejamos unas imágenes de nuestro taller de grabado!


