El cielo dibujado: inventar constelaciones para aprender a mirar

¿Cuántas veces habéis mirado el cielo de noche buscando formas? ¿Y si las constelaciones no estuvieran solo allí arriba, sino también en un lienzo negro lleno de puntos?

Desde hace miles de años, las personas han trazado líneas imaginarias entre las estrellas para darles un sentido. Las constelaciones han servido para contar historias, para orientarse en el mar y para medir el paso del tiempo y de las estaciones. Y no todas las culturas han visto en ellas las mismas figuras: allí donde unos veían un cazador, otros podían ver un animal o un objeto cotidiano.

Esta idea, que un mismo grupo de estrellas se puede leer de muchas maneras, fue el punto de partida de El cielo dibujado, el proyecto que los alumnos del taller de Dibujo y pintura (mayores) expusieron en el Traç del 19 al 30 de mayo de 2025.

Exposición El cielo dibujado en la sala de la Escola Traç

¿Cómo se dibuja una constelación que todavía no existe?

El proceso empezó con un cielo estrellado inventado: puntos repartidos al azar sobre un lienzo negro. A partir de ahí, cada alumno los observó, buscó relaciones entre ellos y unió unos cuantos con líneas, hasta obtener una constelación abstracta. Todavía no representaba nada: solo era un trazado.

El paso siguiente fue mirar ese trazado como quien mira una nube. ¿Qué podía aparecer? ¿Un animal, un objeto, un personaje? Sobre las líneas iniciales, cada alumno desarrolló una imagen figurativa y dio forma a su constelación personal: un cisne, una jirafa, un avión, una silla.

Dibujar constelaciones es una manera de aprender a mirar: a encontrar orden en lo que parece casual, a imaginar a partir de lo que tenemos delante y a aceptar que lo que ve una persona no es necesariamente lo que ve otra.

Constelaciones imaginarias dibujadas sobre lienzo negro

¿Por qué nos interesa partir del azar?

Ante una hoja en blanco, a menudo nos bloqueamos. ¿Qué dibujo? ¿Por dónde empiezo? Los puntos al azar quitan esa presión: ya hay algo sobre lo que trabajar, y el trabajo no es inventar de la nada, sino descubrir qué se esconde en lo que ya está.

En el Traç pensamos que dibujar es tanto observar como imaginar. En este proyecto, las dos cosas avanzan juntas: hay que mirar con atención los puntos, decidir qué líneas se trazan y, después, resolver una figura que se adapte a ellas.

También hay una dimensión colectiva. Cuando todas las constelaciones se colgaron juntas en la sala, el conjunto se convirtió en un cielo compartido, lleno de universos imaginarios distintos. Cada obra era personal, pero todas juntas nos invitaban a mirar el cielo con otros ojos.

Detalle de las constelaciones de la exposición El cielo dibujado

¿Y si lo probáis en casa o en el aula?

Este ejercicio se puede hacer con muy pocos materiales: un soporte oscuro, algo para marcar los puntos y algo para trazar las líneas. Lo más valioso no es el resultado, sino el momento de mirar los puntos y preguntarse qué vemos en ellos. Si lo hacéis con varias personas a partir del mismo cielo de puntos, es probable que aparezca una constelación diferente para cada una.

Quizá sea eso lo que hacen las constelaciones: no están en las estrellas, sino en la mirada de quien las une.

¡Os dejamos unas imágenes de El cielo dibujado!